Todavía siento ganas de llamarlo alguna vez, y decirle que cuando él se fue un viento me arranco de pie; todavía que respiro, nene, cuando salgo a nadar, por un mar oscuro, donde todo es duro y el agua se hace cristal. Todavía que me rio del amor, del café y de dormir.
(Y si lo sufrí fue casualidad, un error nunca te hace mal, todavía que te quiero y no quiero quererte otra vez.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario